Dos almas y un cuerpo
Una entidad,
una individualidad.
La silenciosa soledad
espera sentada mirando
como pasa el tiempo,
como se sacude el viento
hasta cuando aparecerá ese inquietante sentimiento.
Ese deseo, ese corazón latente
que sigue esperando respirar,
bombear un poco de calor,
solo un poco.
Para que la llama se prenda,
para que no muera su esencia,
expectante vacilara por el mundo
esperando a que sus ojos se encuentren.
Con ese haz de luz, ese glorioso momento,
es allí donde todo tiene sentido.
El tiempo se detiene,
las emociones empiezan a flotar despavoridas
y prematuramente, renaces
en un parto de felicidad inalcanzable
al ver a tan hermoso ser.
Caes, caes en el interminable saber
de una conexión absoluta,
donde la simple mirada penetrante yace en cada uno
y encuentras a tu contraparte.
Esa famosa metáfora del alma gemela
se quema con su incompresible aroma
y lentamente se funde en ella
para convertirse en uno,
uno en compañía.

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