miércoles, 7 de diciembre de 2011

Club de medianoche, Las estrellas fugaces

Esas mantis de luna nueva
devoran su ración de lujuria siniestra,
vestida de trazos rotos de la fiesta
esquivando charcos de mezcla y excesos.

Van soñando un milagro más,
improvisando a su suerte otra oportunidad,
discretamente bajo su elegancia de Francia
escarbando sus dientes con palitos de Eiffel.

Picoteando manjares de queso y dulce
manijas salados de sobremesa
cantan melodías que entristecen
hasta al barón más serio del salón.

Exhibiendo su colección engreída
de colillas traídas de oriente medio
posan desnudas en ceniceros de plata
espantando a todo lobo fumador. 

Se apaga la luz, se enciende el telón.
Comienza el desfile, el frenético show
de princesas suecas de perfume anestesiado
mordisqueando a todo deseo esperanzador.

Tsunami de flashes y vuelo de copas golondrina
acompañadas de ruidos grotescos de fondo
dan banquete de fiebre estacional
atontando pupilas y bocas secas de parálisis facial.

Se estrellan miradas distraídas,
sonrisas de aliento embriagador embellecidas
admirando a la premier del momento.
Salen satisfechos diciendo que fue lo mejor que habían probado.

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