martes, 5 de marzo de 2013

Carta a un amigo


Una vez un amigo dijo que vivía en un sueño
Y era amigo, enemigo y desconocido
Decía lo que pensaba, sentía y creía
Yo igual lo llamaba amigo cuando estaba despierto.

Hubo una vez un mundo que llego a las orillas de mis sueños
Yo no estaba ahí, pero había otros,
Otros que llegaban como náufragos
A un mundo que ellos no creían posible.

Preguntado si estaban despiertos
Se paseaban libremente,
Y decían, esto ya lo he soñado,
Esto ya lo he escuchado, ya lo he leído.

Y desperté vacío, sin sueño y sin ganas de levantarme,
Muerto por parpadeos esperando que sea real
Y no un sueño que me reviviese,
Yo ya lo había soñado.

Pero volvía a despertar y todavía existía el tiempo,
Todavía quedaba tiempo para un último acto,
Para un último despertar
Y un último sueño.

Agarre un secreto lo envolví y salí rápidamente
Corrí, corrí como ladrón perseguido
Me escape, y desperté de una vez
Me acosté junto a mi secreto y espere a mi sueño.

Pero antes deje una carta para un amigo:
He vivido un sueño toda mi vida
Hoy me acuesto junto a él
Amigo mío, es tiempo de despertar.

Un orbe escrito


Hoy le escribo a tal maravilloso secreto
Descripto por relativas metáforas
Que nunca morirá en silencio o en soledad
Y se esconde en cualquier instante.

Se esconde en las alas de una mariposa
Posada en las ascuas de un universo caprichoso
Que se extingue en cenizas mientras se mira a si mismo renacer
En una nueva pintura dotada por la mano de un artista

Se esconde en el cielo estrellado una energía milenaria
camuflado por luces incógnitas de difusa interpretación
embellecida por el romanticismo de un ilusionista,
un malabarista del cosmos y los astros que se balancean
en la distancia de un horizonte oscilante.

Se esconde en el centrismo de un girasol,
Una galaxia de pétalos circundantes
Florecido en la inocua simbiosis natural
De cientos de milagros concentrados en un pimpollo.

Se esconde en la anormalidad de nuevos presentes
Que se transforman para reencontrarnos con algún pasado entrometido
Por querer convertirse en futuro y retomar su antiguo poder
Y remontar la ambición que algún día experimento
En los incontables relatos de vidas marchitas perdurables.

Se esconde en las pequeñas y grandes estrofas,
En los largos y cortos versos,
En las simples y complicadas palabras
Que podrán algún día reencontrarse otra vez
En la imaginación citada por algún narrador.

Los callejeros


Los callejeros

De día se camuflan entre el movimiento
De corridas y miradas inoportunas
Cuando son pocos los que cuenta se dan
De esos hombre y mujeres
Que viven de la calle.

De noche se camuflan entre las sombras
De un mundo tan oscuro y a la vez trasparente
Ante los ojos de unos pocos
Que pueden divisar lo que detrás se esconde
En la infinidad de hechos que ocurren en la calle.

Donde la espontaneidad provocada por la soledad
En una tierra de nadie y de todos
Donde pocos conocen la realidad que se esconde tras sus veredas
Piensan que pueden esconderse en un pórtico
O detrás de una puerta entre abierta.

La locura y el extremo crea historias sorprendentes,
Memorias de hombres y mujeres enfermos por el entorno,
El averno disfrazado de ciudad
Tan oscura e iluminada como una contradicción perfecta,
Complementaria de un adverso antípoda.

Florecen raíces de la fauna mas extraña
Combinada con partes de incompresible origen
Creadas por el azar de nacer en un lugar diferente
Donde sus padres son las calles
Y sus hijos el cargador de un 38 disparando al futuro.

Los escritores podrán consagrarse con ellos,
Son la fuente de infinitas historias del noticiario
La ilusión del terror humanizado al alcance de la esquina.
Son los otros calificados por la construcción general
De otros mundos ignorados que se integran en un mismo lugar.

A los callejeros, los transeúntes de la dicha esperanzada
Sueñan con otra vida, tan solo un poco más feliz,
Con escapar de las rejas del cautiverio libre
Que la calle les otorga al alcance de sus negros dedos
Por rasguñar las piedras tratando de encontrar un brillo en ellas.

A ellos que trabajan en el cemento y comen del tránsito
A ellos fuertes por fuera pero sensibles por dentro
La otra espalda de un pueblito olvidado,
Tan cerca que es imposible no sentirlo
Y tan exiliado de la cercanía de una sonrisa que se pierde otra vez en las calles.

La reciprocidad de los cuerpos


Solitaria camina la espera
En la busca de lo desconocido,
Perdido en la ceguera de su deseo
Que anhela encontrar una interpretación atractiva

Inhibida de todo prejuicio, moral o conducta
Que lo sofoque o lo transforme en normal,
en copia de un sistema implementado por lo común
(de lograr ser un objetivo que creemos correcto).

La salvación a la vida
Disfrazada de tranquilidad,
Serenidad conformista
Que atrofia la voluntad

Y así estamos gastando la suerte
Hasta que logremos encontrarnos
Y preguntarnos
Por que tardamos tanto

Pero en la redención
De su retrospección
Se halla un recoveco ruidoso
Que nos grita y nos despierta de la vigilia

Para decirnos que todavía estamos vivos,
Para mostrarnos otros ojos,
Otros males y otros vicios
Como el vicio de amar

Amar la pasión de una nueva sensación encontrada
En la soledad de la espera
Cuando su suerte dio en el blanco
Atinando a un nuevo despertar

Y así estamos descubriendo un nuevo mundo,
Una nueva alegoría de la vida
Disfrazada de pasajes y acertijos
Que se pierden en la interpretación
Que algún día aprendimos
Y nunca pudimos desaprender.

A veces


A veces se preguntan por que,
Por que ven las ilusiones creadas por bocas ajenas,
A los sueños que confunden visiones
Y no permiten descubrir el secreto enterrado
En las arenas de playas desérticas.

A veces las bocas callan
Cuando los ojos eligen perderse
Y esquivar los charcos que podrían derramarse
En los bálsamos de su sensibilidad,
Extraviadas en lo mas profundo de alguna sombra oculta.

A veces las miradas pueden cambiar
Refunfuñar su antiguo espejo
Envuelto en la realidad transparentada
Por el golpe de un alma sometida por la dicha
Consolada por el dolor de su historia.

A veces los cuentos se vuelven reales
Cuando sus lectores se vuelven tangibles
Y sus palabras cobran vida
Para recordarnos que existe otra oportunidad
Para volvernos seres incomprensibles por no temerle a nuestras acciones

A veces los sueños se vuelven realidad
A veces las pesadillas en psicosis
A veces los caminos se rompen
A veces los senderos se iluminan

A veces se cumplen las predicciones
A veces se fuerzan las visiones
A veces se cruzan las ideas
A veces se destruyen en el tiempo creando un nuevo resplandor.